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El carnaval en Galicia es una de las celebraciones populares con mayor tradición y seguimiento de la zona. Tanto es así, que tiene nombre propio: Entroido. Y es tan inherente al carácter de Galicia que muchos Concellos (Ayuntamientos) declaran festivo el martes de carnaval.

Son varios y variados los festejos del Entroido en Galicia. Desde los Peliqueiros de Laza (Ourense), donde el Peliqueiro actúa cual Sheriff del antiguo oeste sacando a golpe de fusta a todo aquel que se interpone en su camino, hasta los Xerais de Ulla, quienes recrean con tono colorido y vistoso la época napoleónica de España, pasando como no, por el famoso Oso de Salcedo quien sale de su cueva para dar inicio a la primavera y manchar a los habitantes de esta localidad con carbón, y sin olvidarnos del Merdeiro de Vigo, personaje escatológico donde los haya y que imita a los campesinos antiguos que se dedicaban a recoger pescado podrido y a vaciar los pozos negros.

Pero amigos, hablamos de Galicia y aquí no hay fiesta en la que no nos sentemos a la mesa y nos demos un buen festín, no vaya a ser que en pleno desfile de Entroido nos quedemos sin fuerzas y necesitemos un revitalizante.

En estas fechas cada casa y cada familia elabora los platos a su gusto, pero el menú, en esencia, es el mismo. Se empieza con el archiconocido Caldo Gallego para calentar motores. Con su patata, su berza, su grelo, su unto y como no, esa carne de cerdo que le da sabor. Si Popeye fuese gallego el caldo sería el equivalente a sus icónicas espinacas.

Ahora que ya entramos en materia nos vamos al summum del menú. El plato de la abuela por antonomasia: el cocido. A lo largo y ancho de la orografía española y de sus mesas, encontramos distintas variantes de cocido. He aquí la gallega: en una misma olla (tamaño Coliseo de Roma, a ser posible) introducimos garbanzos, grelos, patatas, lacón, chorizo, costilla, panceta, oreja y morro de cerdo, y cuantas partes de nuestro querido amigo porcino nos venga en gana. Con agua y sal, como no. Y todo junto, apretado, como si se tratase del metro de Tokyo en hora punta.
Todo el menú lo podemos acompañar de un buen vino tinto, o una buena cerveza de la zona.
Y ya está. Ya está lo salado, quiero decir. Toca postre. Toca dulce. Toca “golosear”.

Dos son los postres típicos en esta época: la bica, típica de Laza, un esponjoso bizcocho con huevo, nata, harina y azúcar, y como no, las orejas de carnaval, a base de harina, huevo, mantequilla, azúcar glass y anís. Todo muy rico y sobre todo dietético, que duda cabe (el sarcasmo, otro ingrediente de la zona).

Antes de ponernos la máscara y salir a celebrar por las calles, hay que tomarse un buen licor de café, y cuanto más mejor, que desfilar en línea recta no tiene gracia alguna.

Después de “entroidear” toda la tarde, que mejor que unas filloas para hacer una merienda-cena. Y después a dormir, que al día siguiente toca ensalada (de la huerta gallega, por supuesto), que los excesos no son buenos.
Y si después del Entroido te quedas con “morriña” de estos manjares, sobre todo en días donde caen “chuzos de punta”, busca una buena receta y anímate a prepararla, a ver que tal te sale. Total, “malo será”.