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Siglos atrás, al peregrino a veces le esperaba la muerte en Compostela. En Santiago encontraba no sólo la meta del Camino, sino también la última etapa de su vida.

Historia detrás

Durante centurias, sus cuerpos yacieron muy cerca de la tumba del Apóstol, en un pequeño cementerio situado en la trasera de la plaza del Obradoiro, a los pies del Pazo de Raxoi. Es de esos vestigios de la tradición jacobea que han quedado en el olvido.

Bajo la superficie hoy ajardinada reposaron los restos de peregrinos de toda Europa fallecidos en la ciudad. Nació a principios del siglo XIII con la creación del hospital de Santiago, al que se asoció. Estaba en una de las puertas de salida de la antigua muralla de la ciudad, “Porta de sancto Peregrino”, en al acceso hacia dicho cementerio. La puerta, en la rampa actual de bajada hacia la calle Huertas, miraba hacia el oeste y por sus inmediaciones salía y sigue saliendo el camino jacobeo hacia el Finisterrae.

Esta puerta, desaparecida en el siglo XVIII para facilitar la construcción del actual palacio de Raxoi y las dotaciones del Hospital Real contiguo -actual Hostal de losReyes Católicos-, entre cuyas dos grandes
construcciones estaría hoy de conservarse, lleva a considerar que el cementerio ocupaba el entorno inmediato a la actual rúa das Hortas, muy próximo al Pazo de Raxoi y a la iglesia de San Fructuoso. El lugar también se conoció desde La Baja Edad Media como puerta de la Trinidad, al existir en sus inmediaciones una iglesia del mismo nombre, ya desaparecida, que se conocía también como iglesia de los Peregrinos.

El cementerio compostelano del Santo Peregrino estuvo en servicio al menos desde el siglo XII hasta entrado el XVIII, cuando con la construcción del Pazo de Raxoi y otros edificios se urbaniza esta zona
extramuros. Desde principios del siglo XVI, con el levantamiento del Hospital Real, prestó servicio a este gran centro de atención a los peregrinos, el mayor de España, con el de Roncesvalles, hospital del
Rey de Burgos y San Marcos, en León.

En 1965 se descubrió en la iglesia de San Fructuoso la lápida de Ángel Blanco de Salzedo, canónigo de la catedral y administrador de este Gran Hospital, quien manda enterrarse en dicho cementerio en 1710. Es un ejemplo de la alta consideración concedida a este camposanto.

Modo de enterramiento

Se procuraba enterrar al peregrino con una concha de vieira, cuando menos en el siglo XII. Así sería identificado como un amigo del apóstol Santiago y este podría interceder por él más fácilmente. Parece
ser que era frecuente la visita a este cementerio de los peregrinos que llegaban a la ciudad, una forma simbólica de reconocerse en aquellos que habían entregado su vida a la peregrinación y que adquirían por ello la simbólica condición de santos. La puerta del Santo Peregrino era también, en este sentido, una puerta hacia el Cielo.