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Nos encontramos en Galicia. Vamos a conocer su historia, su patrimonio, sus ciudades. Y nos damos cuenta de que vemos diferentes construcciones que caracterizan nuestra región: cruceiros, hórreos, castros…

Pues hoy vamos a hablar de los castros y de sus habitantes: los celtas.

Para que os hagáis una idea grosso modo antes de empezar: ¿todos conocéis a Asterix y Obelix? Os acordaréis de que eran galos, que vivían en la Bretaña Francesa, en unas casitas circulares con tejado de paja. Pues bien, los galos eran un tipo de celtas, y al poblado de los celtas se le llama castros.

Pero para adentrarnos en el mundo de los celtas, nos vamos a viajar a la Edad de Hierro, donde comenzó la civilización celta, y a la Edad de Bronce, época de su máximo esplendor.

Los orígenes de los celtas

Probablemente los celtas eran originarios de la región del Danubio, es decir, sur y sudoeste de Alemania. Desde el Siglo VI al III antes de Cristo partieron para asentarse en diferentes partes de Europa, pues los celtas eran un pueblo seminómada: por una parte tenemos sus movimientos migratorios, y por otra sus asentamientos.

Pero los celtas no pueden considerase como una unidad, sino más bien como un conjunto de tribus independientes, que tenían características en común y cada uno ocupaba su propia región (la Bretaña Francesa, Irlanda, Escocia, la Isla de Man, Gales, Cornualles, Galicia…).

¿Dónde se establecían los celtas? En la cima de una montaña, pues desde la cima podían controlar lo que sucedían en derredor, o también en un acantilado, cerca del mar, protegidos de los ataques que pudieran suceder así como propicios a la caza y la pesca.

Construían las casas de forma circular, en piedra, y con el tejado de paja, todas ellas casi pegadas las unas a las otras. Delante de las casas, otro pequeño semicírculo a modo de atril, como una previa entrada a la propia casa. Y en el interior disponían de sus hornos de piedra, sus hogueras, sus pieles de animales por el suelo donde dormían. El techo, al ser de paja, permitía la salida del humo cuando hacían pequeñas hogueras dentro donde calentarse o preparar la comida. Y éste conjunto de casas lo rodeaban con murallas también de piedra, normalmente una muralla interna, y otra externa, con su puerta de acceso al mismo castro. La zona amurallada en forma de círculo se denomina “croa”, de donde podría derivar la palabra gallega “coroa” (corona). Y a todo este poblado lo llamamos castros. Unos más grandes que otros, pero todos con similares características.

En cuanto a donde se enterraban a sus pobladores, no tenemos una teoría a ciencia cierta. Se cree que estos enterramientos se hacían fuera de los castros. Los propios dólmenes, mámoas y demás construcciones pétreas repartidas por Galicia pueden tener relación con los rituales mortuorios de los celtas. No han llegado hasta nosotros ningún resto óseo de aquella época. La acidez de nuestros suelos no lo ha permitido.

En cuanto a la religión, adoraban a las fuerzas de la naturaleza, posiblemente relacionado con el paganismo. En muchos castros o zonas aledañas, los celtas marcaban las piedras con marcas circulares, serpenteantes, como trísqueles, espirales… que podrían tener que ver con los elementos de la naturaleza: aire, sol, caza…

Los celtas eran pueblos pequeños y sobrevivían a través de la agricultura y la ganadería, como muchos otros pueblos de aquel tiempo. Entre los cultivos que cosechaban se encontraban el olivo y la vid, y ganados de tipo bovino y ovino.

Además, se dedicaron a la minería, logrando extraer materiales como el hierro, el plomo, el oro y el estaño, los cuales comercializaban con otros pueblos cercanos (hay que recordar que en otras zonas de la antigua Hispania habitaban los íberos, tartesos, cartagineses…).

Los celtas en Galicia

Existe la creencia de que el pueblo celta (al menos la cultura castreña de Galicia), era un pueblo pacífico más que guerrero.

Y una característica de los celtas es que, a diferencia de otras culturas, la mujer jugaba un papel fundamental, pues no se consideraba por debajo del hombre, si no a su altura. Se encargaba de las labores de agricultura y artesanía, en aquella época algo fundamental, pero también de las labores de la casa. Y otro dato curioso, es que la mujer podía escoger a su amante. Así mismo se encargaba también de los cargos organizativos dentro del poblado.

Tenemos también nuestros propios héroes celtas. En nuestro caso, en Galicia, Breogán fue un rey celta que habitó en la antigua Brigantia, hoy en día la zona de A Coruña (aunque otros estudios lo sitúan en Betanzos). Desde allí construyó una torre enorme, la hoy conocida Torre de Hércules. Desde la cima de la torre pudo divisar una isla a lo lejos, la isla de Eire, la actual Irlanda. Y mandó a sus hijos que partieran allí para conquistarla y crear allí descendiente celtas. De este modo, Breogán es representado como el padre mitológico del pueblo gallego.

Pero esto forma ya parte de la leyenda.

La cultura celta desapareció, en el caso de Galicia, ante la llegada de los romanos. Por lo visto el sistema defensivo de los celtas no podía hacer frente a la invasión romana. Sin embargo, aunque en algunos casos se habla de una fuerte resistencia por parte de los celtas (la lucha en el Monte Medulio), en otros casos se habla de una fusión entre cultura celta y romana. De ahí que en castros de épocas finales se puedan ver las casas ya no circulares, si no cuadradas, al estilo de construcción romana. En otros lugares serían los vikingos los que se encargarían de absorber la cultura celta.

Los vestigios de la cultura celta en Galicia

Lo que nos ha llegado a nuestros días de la cultura celta son sus propias construcciones: castros, dólmenes, mámoas, pulseras y torques, herramientas de trabajo en piedra, fusaiolas (elementos para moler el grano), cuencos diveros… Y podemos hablar también de raíces del idioma celta en algunos lugares (Irlanda donde se habla el gaélico irlandés, Escocia con el gaélico escocés, Bretaña: el bretón, en Gales el galés, en Cornualles el córnico y en la Isla de Man el manés).

Y volviendo a Galicia, para quien se haya quedado con el buen sabor de boca y quiera tener más de cerca la cultura celta, podéis aproximar a visita cualquiera de los múltiples castros que a día de hoy se reparten por toda Galicia, al igual que sus museos o centros de interpretación, donde se han recuperado piezas originales o recreado la vida de los celtas en los castros.

En Coruña, por ejemplo, tenemos el castro de Elviña. En Vigo en monte de o Castro. En ambos se puede acercar quien quiera a visitarlos. Y en Santiago de Compostela, en la propia calle que lleva el nombre “rúa do Castro”, así como en la “Carballeira de Santa Susana”, en el parque de la Alameda. Se habla de la existencia de castros. Son ejemplos de los muchos que encontraréis en Galicia.

…Y es por eso que nosotros, en homenaje a nuestros antecesores celtas, nos denominamos freetours célticos.

¿Te animas a hacer un recorrido con nosotros?