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Uno de los rincones más curiosos de la ciudad de Santiago de Compostela es el Parque de Bonaval. Este parque es una de las numerosas zonas verdes con las que contamos en Santiago, y que funcionan como un pulmón para la ciudad. Una de las zonas pintorescas de la ciudad en la que perderse y pasar el rato, como lo hacen muchos compostelanos cuando llega el buen tiempo.

Orígenes del Parque de Bonaval

El parque de Bonaval se diseñó en el año 1992, para complementar la construcción del Centro Gallego de Arte Contemporáneo, aunque la historia del terreno en el que se encuentra es mucho más amplia.

El lugar en el que se emplaza hoy este parque, próximo a la entrada francígena, por la que se accedía a la ciudad por el camino francés, ha pasado por varias fases históricas. En un primer momento el terreno del actual parque, era la huerta del convento de Santo Domingo de Bonaval.

Este convento había sido fundando por Domingo de Guzmán, que habría peregrinado en el s. XII a Santiago de Compostela. Destinado a monjes dominicos, debía el nombre de Bonaval (que hoy mantiene el parque) a la leyenda de Juan Tuorum, que habría sido condenado injustamente a morir, y que durante su ajusticiamiento le habría dicho esas palabras a la Virgen: ven e váleme (ven y ayúdame) justo antes de caer muerto a sus pies.

En el s. XIX, concretamente en el año 1836, el convento es abandonado por los monjes, como consecuencia de la Desamortización de Mendizábal, orden que dictaba que las órdenes con menos de 30 monjes debían abandonar los conventos. En este momento se reutilizará el convento como hospicio, y el terreno de la huerta de los monjes se convertía en el 1837 en el cementerio municipal. Fue un cementerio desde este momento hasta 1960, momento en el que deja de serlo, y la zona queda abandonada.

Es en 1992, cuando empieza la historia de este parque. En el momento en el que se proyecta el CGAC, se decide hacer algo con la antigua huerta de los monjes, que permitiese conectar las dependencias del antiguo monasterio con la nueva construcción de un modo estilístico. Fue entonces cuando Álvaro Siza, arquitecto encargado del diseño de este edificio, diseña a su vez el parque.

Para ello decidieron dividir la zona en tres partes, que ya habían sido divididas siglos antes, de forma que hoy en el parque tenemos tres partes diferenciadas, la antigua zona de la huerta de los monjes, el cementerio, y el bosque carballeira.

Para la realización del parque se emplearon tres elementos diferentes, que actuaban como base de la estética: el agua, la piedra y el verde. El agua a través de los manantiales naturales preexistentes y las fuentes, concretamente dos fuentes y un manantial de mina, que abastecían a los lavaderos del entorno. Una de estas fuentes, ubicada en la zona de la huerta de los monjes, que todavía se conserva y está dedicada a Santo Domingo. Todas ellas confluyen en un estanque hecho ex profeso, que además de recoger el agua de todas ellas, sirve de depósito del agua que funciona como riego del parque.

La huerta en el parque de Bonaval

Y precisamente en la huerta conviven el agua, la piedra y el verde, puesto que en esta zona todavía se conservan restos de antiguos cobertizos del convento, así como la reconstrucción de las rampas para carruajes. El verde dónde se encuentra presente? Pues en la replantación del jardín de los monjes, dentro de la huerta, en la que se encuentran numerosas hierbas aromáticas, entre ellas el mirto, característico de los jardines monacales gallegos.

En esta huerta, también convive lo antiguo con lo contemporáneo, puesto que allí se encuentra ubicada la Puerta de la Música, escultura de Chillida. Realizada en acero corten, acero que cuando se oxida, adopta un color rojizo característico, se llama de esa forma, porque está formada por dos columnas verticales entre las cuales hay un espacio. Cuando sopla el viento y pasa por ese espacio produce sonido.

Otro de los puntos más llamativos del parque es la zona del cementerio, que todavía conserva los huecos de los nichos, hoy vacíos y tapiados, pero que nos transportan al antiguo cementerio ubicado en ese espacio. Sin duda uno de los puntos únicos y más característicos de este parque. En esta zona también convive la vegetación, destacable es la presencia del ciprés en la entrada del cementerio, que nos recuerda el pasado del parque. Una zona realmente única.

Finalmente, la zona del bosque carballeira, desde el cuál se puede ver una de las mejores panorámicas de la ciudad de Compostela (justo la opuesta a la vista de la Alameda). Se trata de un bosque de carballos (robles) una de nuestras especies autóctonas, que te transporta a un lugar tranquilo, en plena naturaleza, justo al lado del casco histórico de la ciudad.

Este parque, es, en fin, una de las paradas obligadas en recorridos por la ciudad de Compostela, para disfrutar de un sitio con encanto, lleno de rincones curiosos y pintorescos, que hacen de este enclave un lugar único, en plena zona vieja de la ciudad de Santiago.